Aún a pesar del dejo de nostalgia que algún día se me confirmara "medicamente" por una lectura de café, por cierto hecha por alguien de quien puedo aprender mucho y que ha estado presente en mi vida desde que tenía 12 años, mi terquedad sigo en pie y sigo diciendo que soy una persona sumamente afortunada por contar con un latido, con una mirada, con aire, con cielo, con vida, con cariño, con amor, con grandes amigos, con obstáculos, con retos, con memoria, con corazón y con cerebro.
Hoy agradezco tener una mamá extraordinaria capaz de hacernos estar siempre a la moda utilizando trozos de tela y algunos estambres y que nos alcahueteó para que pudiéramos hacer muchas cosas divertidas. Un papá que le pedía a los traileros que tocarán su claxón por el siempre hecho de que me gustaba oirlos, y que firmó con mi nombre los cuadros que "supuestamente" yo pintaba. Una hermana con la que pasé horas y horas de ataques de risa interminables que nos dejaban exaustas y a quien admiro por la fortaleza y el carácter que siempre ha tenido. Gracias por mi otra hermana, muchas risas, muchas lágrimas pero siempre presente.
Gracias por los salims y chilims, tikos, friolines, y demás porquerías que acompañaron muchas horas de juego con mis primos y la equivocación del árbol que está afuera de casa de los "borrachos". Gracias por los cuentos cambiados de caperucita roja, por las risas de las comidas de los sábados, por los discos de Iron Maiden al revés, por compartir nuestras patoaventuras.
Uyy, ¡¡cuántas cosas!! También agradezco por todas esas personas que pasaron por mi vida y me rompieron el corazón, por ello pude saber lo que es querer entrañablemente hasta que duela. Gracias por los amigos que estuvieron, que dejaron lo que tenían que dejar y se fueron, por aquellos que se fueron para siempre pero de los que me gusta creer que de vez en cuando echan una miradita para reirse de las cosas tontas que hago. Gracias por los que siguen, gracias por los que llegan.
Gracias por aquellos de los que me enamoré y que se enamoraron de mí, cada uno me enseñó algo importante en mi preparación para poder estar con quien estoy ahora en una relación plena y que llena mi vida.
Gracias por el dolor, y por lo que consideré sufrimiento, esa fue la vida que elegí, pero también es el precio por vivir intensamente. Gracias por las carencias, había olvidado lo que significan y ello reforzó valorar lo que hoy tengo. Gracias por cada segundo, cada minuto, cada hora, cada día que pasé, todos ellos cuentan y tienen importancia.
Gracias por la maravillosa persona que tengo hoy a mi lado y que vino a darle luz a mi vida y gracias por los angelitos que se hicieron presentes para enseñarme más y más cosas.
En fin, gracias, por todas mis capacidades y por lo que está por venir, que seguramente será mucho mejor cada vez.
Gracias, gracias, gracias, gracias.